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Valora tu tiempo libre y tu vida sera exitos@

Cronopatía o el afán por estar ocupados

Por: Norma manchego

¿Te ha pasado que deseas que llegue el lunes pues no sabes qué hacer con tu tiempo libre? ¿Tu agenda no dispone de un espacio en blanco, ya que más que productivo, estás siempre ocupado? Uno de los males del siglo XXI aparte de la necesidad de controlarlo todo, el perfeccionismo, la necesidad de validación social, es la llamada Cronopatía.

La Cronopatía define la incapacidad para descansar, y estar cómodo con el tiempo libre. Pareciera un pecado permitirse ser poco productivo, poco eficiente; el hombre moderno sólo está a un clic de un sinfín de posibilidades, para solucionar, para comprar, para ligar, para formatear, el tiempo de espera no existe, y si esperas, te desesperas…

Esa incapacidad para permitirse estar aburrido (está demás acotar que el aburrimiento es la madre de la creatividad) impide desarrollar mecanismos psicológicos saludables, para aprender a tolerar la frustración.

Es increíble que en pleno año 2019 debamos aprender de nuevo a disfrutar del descanso. Encontrar el justo equilibrio entre actividad – productividad y el tiempo necesario para la reparación, sin sentirnos culpables o avergonzados, es imperativo.

Está demostrado que el cerebro y el cuerpo físico precisan descansar cada cierto tiempo y que si no le concedemos un espacio a estas actividades, estaremos tarde o temprano, queramos o no, atrapados en una rueda tal cuál hámster que corre y corre, sin llegar a ningún lado, tal vez agotados, quien sabe si enfermos.

Bien decía Zig Ziglar: “La falta de dirección, no la falta de tiempo, es el problema. Todos tenemos días de 24 horas”. La organización es la clave, para no caer en la “enfermedad del tiempo” denominado así por el médico Larry Dossey, y quien acuñó el término en 1982.

No es de sorprendernos que si buscamos en Google “Time managment” se arroja un promedio de 6.100.000.000 resultados. Aprender a gestionar la energía, y no el tiempo es la clave para hacer compatible actividad y reposo, con el fin último de recargar baterías para volver con plenas posibilidades.

¿Y si decidimos parar el culto a la velocidad y nos detenemos a contemplar con más presencia las pequeñas cosas de la vida? Tal vez estés “perdiendo el tiempo”, pero estás ganando en paz y serenidad. ¿Algo más preciado que eso?

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